He visto a Luca en la boca de metro de Sant Antoni y me ha invitado a un café en el bar que está justo al lado: “que el frío me sienta fatal”, me ha dicho y nos hemos quedado solos, compartiendo verdades a medias, mordiéndonos los labios para que no se nos escaparan las palabras.
Qué difícil se ha vuelto escribir en domingo, desde que es noviembre, con este frío que abre puertas y se cuela en tu casa y después ya no se quiere ir. Suerte que apareces cuando menos me lo espero, como transeúnte inquieto, dueño de la ciudad.
Y las manos tan heladas como se te quedó el alma, después de apostarlo todo y quedarte nada. Quedarte conmigo, que no doy para más. Y qué se le va a hacer, si esta noche tampoco has dormido y se te notan en la cara, los sueños clavados, las pocas ganas de ser ya por siempre jamás tu mismo. Y qué me dices si procuramos reinventarnos, que aún nos queda tiempo para reír tranquilos, para besarnos despacio, para omitir el fin.
Qué difícil se ha vuelto escribir en domingo, desde que es noviembre, con este frío que abre puertas y se cuela en tu casa y después ya no se quiere ir. Suerte que apareces cuando menos me lo espero, como transeúnte inquieto, dueño de la ciudad.
Y las manos tan heladas como se te quedó el alma, después de apostarlo todo y quedarte nada. Quedarte conmigo, que no doy para más. Y qué se le va a hacer, si esta noche tampoco has dormido y se te notan en la cara, los sueños clavados, las pocas ganas de ser ya por siempre jamás tu mismo. Y qué me dices si procuramos reinventarnos, que aún nos queda tiempo para reír tranquilos, para besarnos despacio, para omitir el fin.
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