¿Te acuerdas de la chica fotógrafa? La del verano gris en Costa Rica, tú con la piel tan morena que podrías ser de cualquier otra parte. Las ganas de quererla, siempre por si acaso. Porque te lo has propuesto. Porque te parece buena chica. Y le abrazas como si no fuera a acabarse nunca el día. La noche sobre vuestras cabezas, inmensa, como el historial de pequeños sueños que te has propuesto cumplir este año. Empezando por cuidarte un poco más, que nunca viene mal. Que hoy tus días, nadie puede estropearlos. Regálame una tarde en La Central, por los viejos tiempos. El cuento de Sofía, no habla de ti. Pero yo soy de esas chicas, tan gilipollas, que siempre te enseñan cosas, que podrían recordarte a otra. Y aguantan la compostura, como si lo hubieran ensayado durante días, frente al espejo. Maldíto espejo. Que te escupe todo lo que no vas a reconocer, de madrugada, cuando llegas casi arrastrándote de un día de fiesta y sólo te apetece encontrar un abrazo, en el que refugiarte por toda la vida y más. Y que te quiten lo bailao. Que tu sonrisa es infinita cada vez que se te atranca su nombre. O eso te han dicho.
Suscribirse a:
Comment Feed (RSS)
|